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La Crisis sienta bien
A pesar de todo el mal, el sufrimiento y la desesperación que pueda producir una crisis económica, también es verdad que como todo en la vida, siempre hay un lado positivo, por mucho sufrimiento que cueste. La crisis es sinónimo de equilibrio, y es la consecuencia del sobre enriquecimiento de algunos y de las excesiva confianza en la economía. Cada cierto tiempo es necesario estos difíciles procesos, que permitan que los que viven en las nubes se den un paseo por el planeta de los vivos, hasta que vuelvan a descubrir la gallina de los huevos de oro. Porque por mucho que pese, esto volverá a ocurrir. Es lo que tiene el capitalismo.
Como decía antes la crisis, es la consecuencia de la comodidad, y de la confianza, es por ello que a nivel de productos o de mercado se está produciendo un renacer positivo para el consumidor. El consumidor vuelve a cobrar un protagonismo que antes no tenía, ahora, las marcas grandes, al verse seriamente amenazadas por la competencia de las marcas blancas, vuelven a exigirse a sí mismas calidad e imagen, por lo que más que nunca se echan al ruedo con el objetivo de salir reforzadas de estos tiempos duros. Por eso, no es extraño ver, como nuevos productos surgen, ofertas, packs, nuevos tamaños, nuevas imágenes, nuevos sabores, con gas, sin gas, con sal, sin sal, etc… Las grandes empresas que antes sobrevivían con el refresco del momento, ahora no pueden jugársela a una sola carta, tienen que coger más del monto, y asegurarse ingresos que les permitan sobrevivir. Esto lo estamos viendo día a día en todos los medios.
No vale salir a la calle y llorar para convencer el consumo de productos de marca y de su calidad. Eso no funciona así (no sé cuántas campañas he visto sobre, “este producto no fabrica para otras marcas” o campañas donde se aconseja que el producto de marca es la mejor elección. Hay que llegar a la gente y ponerse a su lado, y saber qué es lo que prefieren y por qué. En resumen, ajustarse a sus necesidades. Hasta hace más de un año era al contrario, las marcas “creaban” necesidades y el consumidor picaba, lo mejor de todo es que estos saben que están picando, son conscientes de ello, y eso, el mundo de la publicidad y la comunicación siempre lo supimos. De alguna manera pensábamos que el consumidor era una marioneta. Pero cuando estos, sufren, o mejor dicho, sus bolsillos, esa visión de dejarse llevar por la moda, el mercado, y las falsas necesidades, se van en un “pis pas”. Y eso es lo que ha cogido deprevenida a las grandes marcas que aún a día de hoy piden ser consumidas con lágrimas en los ojos a través de los medios comunicación. Es por ello por lo que el mercado debe de hoy más que nunca recuperar esa confianza en los consumidores poniéndose a su lado y tomando medidas o decisiones que les ayuden.
La crisis es el “reset” de la economía
BE WATER MY FRIEND.
Por si no ha quedado claro el título de este post: La crisis sienta bien porque los consumidores nos volvemos a sentir arropados y protagonistas del mercado, somos ahora los que tenemos los pantalones y los que podemos decidir de verdad qué es lo que queremos y lo que no. Cualquier marca está encantada de habernos conocido, y es ahora cuando podemos aprovechar este tirón, y hacernos valer como tal. Hasta que de nuevo, el mercado se vuelva a acomodar y a pasar de nosotros. Este tipo de corrientes o costumbres son muy europeas, en EEUU o Japón, grandes países, es tal el aglomeramiento de marcas, empresas y competencias, que estas se exigen día a día a niveles insospechados. Esperemos que esta mentalidad ayude al consumidor a tener su puesto correspondiente algún día en Europa.
La publicidad desvinculada del producto
Yo la llamo la publicidad absurda, pero podríamos definirla como publicidad surrealista. Mi conclusión es la siguiente:
La publicidad, actualmente respira nuevos aires de popularidad y triunfo. Los nuevas campañas han dejado de contarnos los valores propios del producto que intenta vender. Sea el productos que sea ahora lo que vende son los sentimientos, el humor, el espectáculo y lo absurdo. Principal protagonismo cobra en esta corriente, las campañas virales, un perfecto ejemplo de los nuevos valores. Esas etiquetas grabadas con fuego sobre la publicidad, en las que se le responsabilizaba de crear necesidades a la sociedad, ya van quedando en el olvido. Por decirlo de alguna manera, ahora se venden situaciones o actuaciones patrocinadas por una marca, en donde, sorprendentemente, el producto no es el protagonista completo.
Por ejemplo tenemos:
- Campaña viral de Amo a Laura para la MTV
- Campaña Renault Megane
- Campaña Cadburys Dairy Milk
- Campaña Movistar Fácil
- Campaña Seat Ibiza
- Campaña Twix
- Campaña BMW ¿Te gusta conducir?
- Campaña BMW “Be water my friend”
Por supuesto, hay que saber cómo vender un producto y que esa marca esté lo suficientemente posicionada (y no necesariamente) en el mercado para que cobre una especial importancia. Desde los inicios de la publicidad se ha recurrido a este método, pero no siempre se cumple con el objetivo, y la mayoría intenta no arriesgarse. Lo importante, actualmente es el mensaje; esté o no relacionado con el producto.
Por ejemplo, viendo las campañas de BMW que he señalado anteriormente, se ve un cambio radical con esta última campaña lanzada hace menos de un año (Anuncio BMW 118d 143 CV) en la que el mensaje, y el concepto cambian radicalmente a todo lo hecho anteriormente. Han pasado de tener personalidad y esencia, a hacer anuncios de champú anticaspa. Serán que han cambiado de agencia de publicidad.
¿Quien iba a decir que una mano, contra viento en una ventanilla de un coche, iba a ser tan popular?





